¿Cómo es la sexualidad en la infancia?

Por Alicia Núñez P.                                                                                                                 Psicóloga Clínica, Psicoterapéuta

La sexualidad está estrechamente relacionada con la comunicación, el placer y el intercambio afectivo. Según la OMS, nos motiva a buscar afecto, placer, ternura e intimidad.

Nuestro cuerpo sexuado y la sexualidad van unidos, y no son solo aspectos importantes de la vida humana, sino que la constituyen desde que nacemos hasta que morimos. La sexualidad es más que una dimensión de la persona; forma parte de lo esencial de cada uno, está relacionado con lo que somos. De ahí que favorecer el desarrollo sano y placentero de la sexualidad sea favorecer el desarrollo integral de la persona.

La educación sexual se basa no sólo en las palabras, sino sobre todo en la experiencia desde que somos bebés, si hemos sido tratados con afecto, si hemos recibido abrazos, miradas y caricias de amor de nuestra madre, de nuestro padre.

Así como la observación de las relaciones afectivo-sexuales a su alrededor. Esas son las primeras huellas, los primeros aprendizajes. Los dos primeros años se conforma la identidad sexual básica a partir de las expectativas familiares y sociales, se va conformando el autoconcepto, creencias, actitudes hacia sí mismo, progresivamente se van identificando con un género. Es diferente el identificarse con un género, a presentar preferencias por actividades o juegos de ese género.

Las preferencias en juegos, vestimentas o actividades no influyen en la orientación sexual, heterosexual, homosexual o bisexual, ni en la identidad, son simplemente expresiones de exploración. Tanto la identidad sexual como la orientación son procesos que se trabajan más intensamente en la pubertad, adolescencia y la adultez.

En la infancia los órganos sexuales están poco desarrollados, la cantidad de hormonas sexuales en sangre es muy pequeña y las sensaciones de placer no han adquirido aún significados específicos.

En los primeros dos años de vida, el desarrollo corporal y sensitivo de los/las bebés es enorme, de tal manera que al transcurrir este período disponen de todo lo necesario para controlar la vista, el oído, el gusto, los sentimientos, el acto de caminar, el equilibrio, el habla, la memoria, el pensamiento y la destreza de movimiento.

La sexualidad infantil existe, aunque en diversos contextos y momentos históricos se haya dicho que no. Se desarrolla y expresa fundamentalmente a través de la curiosidad (observación, manipulación, auto-descubrimientos y preguntas) y el juego (exploración, imitación e identificación).

El sentido y los significados que niñas y niños dan a sus descubrimientos y juegos sexuales poco tienen que ver con los dados por las personas adultas. De allí que es importante no interpretar las expresiones de su sexualidad desde nuestra óptica y nuestra experiencia de personas adultas y atribuirles significados que no tienen. Más bien la actitud más positiva que podemos tener es no exponerlos a estímulos eróticos para los cuales aún no están psicologicamente maduros, y preguntar qué van entendiendo, para ir guiando según su proceso personal y único.

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