Opinión: ¡Si ellos fueron pésimos. él puede ser peor!

Por Luis Bravo

Estuve leyendo un artículo de Sean Wilentzjan que escribió para el New York Times en donde menciona algunos nombres de presidentes que fueron pésimos presidentes y los compara con el actual, y sugiere que puede ser peor que sus antecesores.

Entiendo que los historiadores siempre han buscado algunos criterios claves para evaluar el comienzo de la administración de los presidentes. En esa búsqueda se puede decir que cualquier nuevo presidente debería ejecutar deberes públicos con empatía y equilibrio relevantes al jefe más alto de la nación, pero sin parecer ajeno ni arrogante.

“El presidente no puede de ninguna manera degradarse a sí mismo en su carácter público y debe actuar de tal manera que mantenga la dignidad de su cargo”, estableció George Washington al principio de su presidencia en 1789.

Los nuevos presidentes deberían evitar los roces partidistas, y deberían esforzarse por unir al país en un gran propósito común. En línea con el juramento de su cargo, debería salvaguardar e incluso promover los derechos democráticos y proteger a la nación contra enemigos extranjeros. Deberían evitar la más mínima imputación de corrupción política, pero sobre todo financiera.

Wilentzjan menciona que “A lo largo del tiempo, los historiadores han calificado consistentemente a los presidentes, y han consignado a una docena de ellos, en el fondo del montón. James Buchanan, Andrew Johnson, Franklin Pierce, y en evaluaciones recientes, George W. Bush, han sido incluidos en la lista. Algunos de estos presidentes fallaron porque cometieron desastrosos errores de cálculo (político). Otros tuvieron circunstancias que no fueron creadas por ellos mismos, pero que tomaron decisiones que empeoraron las cosas. Otros fueron presidentes casuales de habilidades y credibilidad limitadas que sucedieron a los hombres que murieron en el cargo”.

Pero siempre han habido personas que han utilizado el sillón presidencial para abusar de su posición o para permitir la corrupción desenfrenada, pero sin embargo, los primeros años de estas presidencias fallidas no siempre fueron tan malos, y en casi todos los casos no fueron tan malos como los de Trump.

Por mencionar algunos de los pésimos presidentes, tomemos a Millard Fillmore quien fue elegido vicepresidente en 1848 y se convirtió en presidente cuando Zachary Taylor murió en 1850. El sucesor de Fillmore, el demócrata Franklin Pierce, un hombre amable que era dócil y propenso a la depresión y la bebida, ingresó a la Casa Blanca en 1853.

Warren G. Harding, moreno, guapo, impecablemente vestido y ampliamente adorado, adquirió una reputación de amiguismo, corrupción y mujeriego, murió de un ataque al corazón en 1923.

El primer año del presidente Richard M. Nixon produjo resultados mixtos, pero la mezcla de arrogancia y paranoia que condujo al escándalo Watergate, no lo pudo mantener en el sillón presidencial y lo sacaron. George W. Bush quien integra la lista de los peores presidentes debido a la desastrosa guerra de Irak y el colapso de la economía bajo su presidencia.

La historia resalta a dos presidentes fallidos que tuvieron horrendos primeros años, que, como el de Trump, fueron en gran parte el resultado de sus propias acciones: James Buchanan y Andrew Johnson.

Pero ¿Qué nos dicen los primeros años de estos pésimos presidentes sobre Trump?. Algunos funcionaron razonablemente bien al principio, pero cayeron en el desastre después. ¿Podría Trump hacer algo que nos haga olvidar su torpe temporada de novicio presidente? ¿Tal vez deberíamos esperar más de lo mismo hasta 2020?.

Nadie sabe que esperar de Trump. Su primer año ha sido un desfile pomposo de desgracias que lo han degradado como presidente, y la dignidad de su cargo; ha demostrado que es así como él piensa que se debería de gobernar. El piensa muy convencido de que es el mejor presidente que Estados Unidos ha podido tener durante su historia.

Trump es el primer presidente que no defiende la nación de un ataque a nuestra democracia. Es el primero en enriquecer sus intereses privados y los de su familia, directa y abiertamente en las narices de todos los que vivimos en este país, y nadie hace nada por detenerlo.

Es el primer presidente en denunciar a la prensa como “el enemigo del pueblo estadounidense”. También es el primer presidente en denigrar con insultos racistas a países como Haití, El Salvador y los países africanos diciendo que son “Países Letrinas”.

Si la historia es una guía, especialmente a la luz de los ejemplos más cercanos a él, como Buchanan y Johnson: entonces, el primer año de Trump augura un final… Ese final se lo dejamos a su criterio, a su pensamiento, a su análisis político y a su pensamiento crítico.

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