Donald Trump y el Aceleramiento del Facismo en los Estados Unidos (Parte 2)

A continuación –amigas y amigos lectores– les ofrezco la Parte 2 del artículo en cuestión “Donald Trump y el Aceleramiento del Fascismo en los Estados Unidos” que publicamos en la edición del mes de Septiembre de El Heraldo Latino Newspaper:

Eatwell advierte que los últimos años del siglo XX han demostrado la capacidad de recuperación y extensión de tercera fuerza política del siglo: Fascismo.

El éxito de los partidos fascistas en las elecciones europeas, la aparición de grupos de inspiración fascista en los Estados Unidos y la recurrencia de comportamiento político fascista en las numerosas guerras de inspiración nacionalista que ahora consume el antiguo bloque comunista han provocado una re-evaluación de ese movimiento político después de ser un pensamiento totalmente derrotado y desprestigiado nos dice Eatwell.

De hecho, el fascismo nunca ha recibido la atención y el escrutinio constante que ha sido entrenado en el comunismo y el liberalismo.

Solo un enfoque detallado, objetivo y desapasionado a la pregunta de qué es el fascismo, y como y por qué han sido, ambos, un éxito en muchos países y una falla en otros, proveerá una valiosa respuesta constructiva.

Eatwell provee un argumento poderoso sobre las condiciones que crea al fascismo. Igualmente aquí en los Estados Unidos debemos analizar fría y objetivamente el comportamiento actual de nuestro presidente y grupos que lo apoyan y a quienes él tolera y justifica.

Pero para criticar algo tenemos que analizar en detalle en qué consiste el problema que tenemos que resolver como ciudadanos conscientes; en este caso, el fascismo. Las características que se observan en el fascismo creo yo que son:

1. El desdén o el odio por el proceso y toma de decisiones democráticas o parlamentarias. Trump ha demostrado su indiferencia al proceso democrático de chequeo y balance en el cual decisiones son negociadas y se obtienen a través de un compromiso de las partes. Trump ha insultado a miembros de su propio partido tales como el jefe del senado, y expulsó al Director del FBI. Durante la campaña, la retórica de Donald Trump estaba repleta de acciones anti-constitucionales, como prometer bloquear a su oponente político y deportar a millones de inmigrantes.

El asumió la Presidencia con varios casos legales pendientes contra él, y utilizó lo que aprendió como magnate de su imperio de bienes raíces usando abogados que trataron de boquear al menos uno de esos casos. Ahora como Presidente, él sabe que es inmune a las leyes de la ética federal que se aplican a otros funcionarios federales. El está cerrando las puertas de la Casa Blanca a su propia cobertura de prensa y se ha dispuesto a “abrir” las leyes de difamación para salvaguardarse de la publicidad.

El ha atacado instituciones muy importantes en los medios de comunicación como the New York Times, the Washington Post y algunos reporteros personalmente, en una serie de tweets sin precedentes.

2. Enfasis a la lealtad hacia el líder máximo y obediencia absoluta. El cree, tal como los célebres líderes fascistas que el partido debe estar dirigido por una minoría, miembros cercanos de familia, una élite dirigente, qué es la que marca las directrices a seguir. En la cúspide del mismo está el líder cuya autoridad no es contestada y al que se obedece de forma ciega. Como es lógico, ese líder es el máximo gobernante y su poder consiste en controlar el partido y el estado.

James Comey, el controvertido director del FBI, fue despedido de manera fulminante por el presidente, pues Comey conducía una investigación de las presuntas conexiones electorales de Trump con Rusia y su ahora homólogo, Vladímir Putin. Trump le pidió a Comey jurarle lealtad y el director del FBI se negó a hacerlo y entonces lo hecho del puesto. La razón fue que el director del FBI lideraba una “investigación criminal” para esclarecer los vínculos de la campaña de Trump con el Gobierno ruso.

Algunos medios comparan la destitución de Comey con la llamada “masacre de la noche del sábado”, instigada por el presidente Nixon, quien el 20 de octubre de 1973, acorralado por el caso Watergate destituyó al fiscal especial que le investigaba, Archibald Cox. Igualmente al principio de su mandato, el presidente Trump destituyó también fulminantemente a la adjunta al Fiscal General, Sally Yates, por oponerse abiertamente a su orden ejecutiva que prohibía el acceso a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.

3. El culto a la personalidad del líder. Trump parece seguir el dogma de los líderes fascistas tradicionales de la historia. A ese líder se le debe rendir un culto  casi religioso y la propaganda se encarga de que su fotografía esté por todos los rincones del país y presida los actos más importante, tanto públicos como privados siempre que lo presenten a él en forma positiva.

A veces se le representa como el salvador de la patria humillada, explotada, marginalizada por extranjeros o inmigrantes y otras veces como el salvador de la nación. Ese culto a la personalidad del líder va a ser obsesivo. En Alemania incluso a la hora de saludar, se saluda con el nombre del líder. Sin embargo, y contrario a los líderes anteriores que utilizaban los medios de comunicación a su favor, Trump está utilizando los mecanismos de la media social: “Twitter” mientras aliena con sus ataques a lo que él llama “medios falsos” o fuentes que han sido inventadas, ficticias.

El ego de Trump es tan grande que ha tratado de tomar acciones descabelladamente autodestructivas.

El presidente consideró despedir al Fiscal General Jeff Session. Trump, no estaba contento con Sessions porque el Fiscal General decidió que se recusaría en la investigación del ‘Rusiagate’, la investigación sobre los supuestos lazos de su campaña con Rusia, y que él (Trump) no le hubiera nominado si supo que el Fiscal recusaría de la investigación. Poco después Trump emitió una serie de Twitters cuestionando el papel del fiscal general en su gabinete.

Trump, “frustrado” con Sessions emitió nuevos ataques contra él, produciendo gran preocupación entre políticos de ambos partidos. Las acusaciones de Trump fueron para apaciguar el ruido del escándalo por el ‘Rusiagate’ que ha señalado a varios miembros de su familia y ha llevado a declarar ante el Congreso a su yerno, Yared Kushner, actual asesor de la Casa Blanca, quien compareció ante el Senado y ante el comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

Donald Trump ha demostrado una fascinación especial con la imagen del “hombre fuerte”. De acuerdo al Financial Times: Alarmadamente, el estilo político del señor Trump es muy común con los más autocráticos hombres fuertes, tal come el Presidente Putin, Tayyip Erdogan, Presidente de Turquía y en menor grado, Viktor Orban, Primer Ministro de Hungría.

Finacial Times enfatiza que quedó claro durante la campaña presidencial de Estados Unidos que el señor Trump fue atraído por la imagen de hombre fuerte del presidente Putin. Ha tenido mucha razón de estar envidioso desde ser Presidente.

Trump es un negociante privado, controla cómodamente un negocio familiar
y por eso está evidentemente frustrado por los controles de “chequeo y balance” que imponen sus poderes presidenciales. El señor Putin, por el contrario, gobierna Rusia como si fuera su propiedad y con el recurso ilimitado de propaganda para pulir sus obras. ¡Cómo quisiera Trump manejar los Estados Unidos tal como lo hace Putin con Rusia!

4. Exaltación de la violencia y justificaciones por atropellos cometidos. La tendencia a incitar la violencia de Trump ha sido bien documentada. De hecho, incidentes relacionados con el odio han sido sistemáticamente reportados por el Southern Poverty Law Center – SPLC (El Centro Legal por la Pobreza del Sur) que ha encontrado un manantial de incidentes relacionados con el odio y el prejuicio en consonancia con la elección de Donald Trump.

Todos han sido denunciados por varios líderes como inaceptable. Pero los incidentes están empezando a seguir el modelo de agresiones masivas y a pesar de la indignación por parte del público, la tendencia continúa. Y si bien lideres anti–odio no creen que los líderes políticos son directamente responsables, están de acuerdo que los comentarios inflamatorios de Trump y la renuencia a denunciar fuertemente tales episodios han permitido que se cometan esos actos de violencia.

Recientemente, Charlottesville en Virginia se ha convertido en un punto focal del movimiento supremacista blanco que hizo un resurgimiento después que funcionarios del gobierno local votaran a favor de derribar una estatua del General Confederado Robert E. Lee.

Una manifestación de “Unir el derecho” fue planeada para el sábado, 12 de
agosto para protestar contra la retirada de esa infame estatua. Descrito como uno de los mayores eventos de la supremacía blanca en la historia reciente de Estados Unidos, fue organizada por Jason Kessler, miembro de un grupo ultra nacionalista. El día antes, un viernes, manifestantes descendieron con antorchas a la Universidad de Virginia gritando consignas como: “la vida blanca importa” y “sangre y suelo”.

Las protestas degeneraron en violencia en Charlottesville, un sábado, cuando los supremacistas blancos atacaron a los contra manifestantes y un carro embistió a la multitud de manifestantes antiracistas y antifascistas matando a una joven, Heather Heyer y por lo menos hiriendo a otros 20.

¿Que mejor prueba que el odio existe y que el fascismo y los supremacista están ganando y acelerando su fuerza en los Estados Unidos? Increíblemente, Trump dijo sobre el ataque en Charlottesville: “Creo que hubo culpa de ambas partes”. ¿Cómo puede el Presidente igualar una agresión criminal donde un neo–nazi mató a esa mujer de 32 años e hirió a otros veinte manifestantes anti–racistas?

Durante una conferencia de prensa sobre su nuevo plan de infraestructura, el Presidente Trump afirmó: “Creo que ambos bandos tienen la culpa, de eso no hay duda”. Y agregó que “no toda esa gente eran neo–nazis, no toda esa gente eran supremacistas blancos”.

El Centro Para el Estudio del Odio y Extremismo de la Universidad Estatal de California encontró que los delitos de odio subieron 21 por ciento en áreas metropolitanas importantes en el 2016 con respecto al año anterior. El SPLC, que meticulosamente mide incidentes de odio y el prejuicio recopilo 1,372 incidentes parciales o tendenciosos entre el día después de las elecciones y el 7 de febrero.

Incidentes contra los inmigrantes constituyen la porción más grande, seguida por aquellos contra los afroamericanos, episodios e incidentes con sesgos de la esvástica (swastika-themed) contra personas LGBT, musulmanes y judíos.

En algunos casos – como ataques a Sijs (Sikhs) con turbantes o personas de piel oscura de diversas etnias – los autores erróneamente suponen las víctimas como musulmanes o del Medio Oriente.

5. Nacionalismo, militarismo e imperialismo. Trump sigue ideas auténticamente fascistas. Sus ideas parecen que están inspiradas por un espíritu ultra nacionalista que hunde sus raíces en el nacionalismo extremista del siglo XIX. La patria requiere sacrificios de todos y a esta se le rinde culto, “el líder es la re-encarnación de los valores de la nación y es también divinizado”.

En un discurso, como candidato para la presidencia, Trump calificó a inmigrantes Mexicanos como violadores y criminales. En sus propias palabras, “Cuando México envía su gente, no envían a los mejores. Envían gente que tienen muchos problemas”.

Vea la Parte 3 de este artículo en la edición de Noviembre 2017.

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