Actualidad: El Poder Cívico del Juego

Por Tania Del Río Solórzano

Cuando los economistas intentan dar explicación a todo tipo de fenómenos del mercado, recurren a un muy útil, pero limitado marco teórico. Una de las suposiciones claves de este marco teórico es que los seres humanos guiamos nuestros comportamientos con un pensamiento racional, buscando maximizar nuestro interés individual propio. Este marco teórico es excelente para ayudarnos a entender cómo es que se determinan los precios de los productos y servicios en el mercado, por qué el libre comercio representa un beneficio neto (mas no equitativo) para la sociedad, y cómo y en qué condiciones es positivo que el sector público intervenga un mercado.

Sin embargo, el marco teórico tradicional de oferta y demanda, hasta hace relativamente poco tiempo, no tomaba en cuenta el hecho de que los seres humanos a veces no actuamos con interés propio en mente. Por ejemplo, no explicaba de manera satisfactoria el comportamiento altruista, la falta de inversiones a futuro a pesar de que económicamente significarían mejores retornos o la participación de las personas en el mercado de las apuestas, cuyo valor esperado es casi siempre negativo, entre muchos otros fenómenos.

Afortunadamente, economistas como Richard Thaler de la Universidad de Chicago, inspirados por gigantes de la psicología como Daniel Kahneman y Amos Tversky, en años recientes han empezado a explorar las implicaciones económicas de la irracionalidad humana. El año pasado, Thaler recibió el Premio Nobel en economía, por combinar estos dos campos para comprender el proceso de toma de decisiones económicas del ser humano. El resultado es el campo emergente de la economía conductual (behavioral economics).

En su colaboración con Cass Sunstein, de Harvard, Thaler argumentó que el ser humano es irracional en maneras predecibles: sobrevaloramos el presente, erramos al calcular probabilidades, evaluamos nuestras fortunas de manera comparativa, asumimos que todos cuentan con la misma información que nosotros, entre otras fallas cognitivas comunes. Conocer estos procesos nos ayuda a predecirlos e importantemente, a diseñar procesos para prevenir nuestras fallas.

Un concepto que utilizan muchas de las técnicas de la economía conductual es la ludificación, conocida en inglés como “gamification”. Armados con los conocimientos de la economía conductual, podemos diseñar intervenciones lúdicas que incentiven mayor involucramiento cívico por parte de los ciudadanos o comportamientos que nos benefician a todos conviertiéndo las acciones en parte de un juego. Ofrezco algunos ejemplos con el ánimo de invitar a los lectores a diseñar e implementar sus propias ideas. ¡Esto puede ser divertido!

Crear reconocimientos: ¿Qué motiva a quienes contribuyen con artículos a Wikipedia? No hay una recompensa económica, sin embargo, más de 33 millones de contribuidores escriben y editan artículos para la enciclopedia digital. Wikipedia creó distintivos digitales con los que recompensa a las personas que editan y les da la posibilidad de ir subiendo de nivel. Los editores aprecian el reconocimiento ¡y para Wikipedia, el gasto es casi nulo!

Llevando esto a nuestro contexto local, ¿quién podría crear un distintivo digital para reconocer a las personas que más horas de su tiempo donan a su comunidad como voluntarios? ¿Cómo podríamos incentivar a que cada vecino dedique una hora o dos por semana a recoger basura de las calles o los parques? El Gobierno de la Ciudad de Chicago, a través de la iniciativa Chicago, City of Learning (CCOL) introdujo este sistema. Con la colaboración de organizaciones locales, han otorgado más de 87 mil distintivos digitales a jóvenes que se han involucrado con actividades educativas en su ciudad.

Competencia sana: En Escocia, se redujo la basura de cigarros en 18% con una simple intervención: Los fumadores podrían votar por su equipo favorito de fútbol soccer al desechar su colilla en recipientes etiquetados con el nombre del Barça o el Real Madrid. Todos querían tirar su colilla en el recipiente en vez de aventarla a donde fuera como antes acostumbraban. Las calles escocesas, el medio ambiente, y todos ganaron (excepto el Barça, en este caso). Una intervención excelente en Escocia.

Comparar e informar: La compañía energética OPower comenzó a informar a sus clientes si su consumo de energía era mayor, menor o comparable al de sus vecinos. Quienes fueron notificados de que su consumo era mayor del promedio, redujeron su consumo en 2% en comparación con un grupo de control que no recibió la información. Esto parece poco, pero se tradujo en $700 millones en ahorros para los consumidores y una reducción de 6 mil millones de kWh de electricidad. Así podemos cuidar a nuestro planeta.

Me encantaría recibir sus ideas. Estoy segura que en la zona metropolitana de Boston hay muchas maneras de ser creativos e invitar a nuestros vecinos a mejorar nuestra comunidad. ¡Manos a la obra!

Tania Del Río vive en Eagle Hill en East Boston con su familia. Estudió la maestría en políticas públicas en la Universidad de Harvard y trabaja en la Oficina del Alcalde de Boston como Directora de Campañas de Diversidad. Le interesa promover la participación cívica de la comunidad Latina en Estados Unidos.

Email: taniadelriosolorzano@gmail.com                                                                            Twitter: @TaniaDelRioS

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