Donald Trump y el Aceleramiento del Facismo en los Estados Unidos (Parte 1)

Por Frank Ramírez, Director Ejecutivo de East Boston Ecumenical Community Council (EBECC)

En un artículo anterior me referí a la necesidad de confrontar los prejuicios en la vida política y nuestras propias dificultades a confrontar una verdad deformada. Hay que confrontar las actitudes y motivaciones que culpan a un grupo de personas por políticas fallidas o las disparidades económicas.

Durante recesiones económicas y el desempleo algunos grupos se vuelven muy susceptibles a las manipulaciones políticas automáticas que exaltan un pasado más afluente y posiciones privilegiadas basadas en el color de la piel.

Con su lema de “Hacer América Grande de Nuevo” Trump destapó la podredumbre del barril de un país racista, misógino y xenófobo que se pretendía ignorar. Pero el hedor ya se sentía por el activismo de jóvenes supremacistas que han sido reflejados en un periódico extremista y varios programas de radio, y ya hacían temer que algo se estaba fermentando.

¿Pero quienes son esta gente primeramente responsable de que Trump ganara la presidencia de los Eastados Unidos.

De acuerdo a Robert Altemeyer, autoritarismo de la derecha es una variable de personalidad psicológica o “actitud ideológica” que se define como la convergencia de tres grupos de actitudes en un individuo: a) Sumisión autoritaria: un alto grado de sumisión a las autoridades que son percibidas como firmes y legítimas; b) Agresividad autocrática: una agresividad general, dirigida contra varias personas percibidas non-gratas o indeseables para ser sancionadas por el liderazgo apoyado; y, c) El convencionalismo: un alto grado de adherencia a las convenciones sociales que se perciben poseídas en el liderazgo o en sus autoridades.

Yo apunté en ese artículo que el nazismo alemán se enfocó en el racismo como expresión del apoyo popular al Partido y al Estado. El racismo y el antisemitismo, fueron emblemáticos de la ideología oficial Nazi.

Los pueblos germánicos de “raza nórdica” fueron considerados la representación más pura del arianismo, considerada como una raza superior, y por lo cual los judíos y otros grupos étnicos considerados inferiores fueron oprimídas o casi exterminados.

Aunque no entraré en detalles respecto a por qué ganó Trump las elecciones es bueno indicar que algunos Individuos son particularmente atraídos a personalidades que manifiestan esas características autocráticas y prejuiciosas contra las minorías raciales, étnicas, nacionales y lingüísticas.

Yo me pregunto nuevamente: ¿Es que dadas esas características tanta gente es susceptibles a la hipocresía política, la demagogia y el racismo? ¿El racismo ha sufrido una mutación que lo ha transformado en la hipocresía política de nuestros tiempos?

Esas ideologías basadas en el racismo son anacrónicas y repugnantes a una democracia, la vida espiritual y el estado moderno. Trump no solamente ha mantenido su discurso agresivo sino que nombró en su equipo de transición al director de Breitbart News, Stephen Bannon. Bannon ha sido asociado con la Alt-Right (Derecha Alternativa), un movimiento de extremistas blancos y ultra nacionalistas motivados por la web.

No obstante, Donald Trump ha sido interpretado en algunos medios de comunicación derechistas como “el nuevo chico en el vecindario” de la política de Estados Unidos quien será capaz de “secar el pantano de Washington D.C.”

El pantano es el existente establecimiento político-tradicional de ambos partidos, Demócratas y Republicanos que han abrazado el neo-liberalismo. Sus partidarios lo representan como un político sin experiencia, nuevo, como un hombre empresario más bien que un político astuto, o mas bien como un individuo que está “aprendiendo ha saltar las cuerdas.” Los Políticos Republicanos ha tomado una visión o actitud oportunista y cínica de Donald Trump.

La realidad es otra. Desde el triunfo de su campaña para Presidente, Trump ha conseguido una base de apoyo que incluye jóvenes blancos con adoctrinamiento violento, con ideas supremacista de la raza blanca y que se comportan no solo como fascistas sino como Nazis.

Días después de su elección, el país ha experimentado una erupción de crímenes de odio, pero esta vez lo hacen tan descaradamente ya que no usan sus famosas túnicas blancas y capuchas del KKK. Esa vestimenta de sus miembros se debe a la creencia de que cuando se hace una “obra buena” hay que ser humilde y mantener el anonimato de las personas involucradas.

El significado original de la túnica y capucha viene de antiguos ritos europeos que significan simbólicamente la hermandad fraternal. La triste realidad es que Trump dio la bienvenida al apoyo de los supremacistas blancos.

El gran mago del Ku Klux Klan, David Duke, dio un dettallado razonamiento de su apoyo a la candidatura de Donald Trump. El Señor Trump trató de limpiar la controversia racial al negarse a repudiar al ex asistente del gran mago Ku Klux Klan, David Duke.

Cuando se le preguntó acerca de sus comentarios en “Estado de la Unión” de CNN, Trump culpó a un “auricular malo”. “Porque no sé nada acerca de David Duke; No sé nada acerca de supremacistas blancos” explicó Trump.

No estoy acusando aquí a Donald Trump de neo–nazi. Es estupidez o ¿de donde viene la estrategia política de Donald Trump? La respuesta para mí es simple, del fascismo. El fascismo va mano a mano con el totalitarismo.

Personas como yo que crecimos bajo una dictadura, en mi caso la de Somoza, enten-demos en carne propia los elementos totalitarios y comportamientos fascistas.

Como Latino Americanos muchos también entendemos la larga historia de apoyo de EE.UU. a las dictaduras fascistas en América Latina y sus abusos de los derechos humanos de sus ciudadanos.

Citando a “RT Sepa Más,” doy los mejores ejemplos: 1) La dictadura de Pinochet en Chile (1973-1990); 2) Las dictaduras militares en Guatemala: Coronel Carlos Castillo Armas; 3) Dictadura de Somoza en Nicaragua: Anastasio Somoza gobernó Nicaragua durante 43 años con el apoyo incondicional de EE.UU.; 4) Dictadura Militar en El Salvador (1979-1992): En la década de 1980, en El Salvador estalló una guerra civil; 5) La dictadura de Hugo Banzer en Bolivia (1971-1977); 6) El Régimen de Alfredo Stroessner en Paraguay durante los años 1954-1989.

Solo con referirme a esos ejemplos se me ponen los pelos de punta. Esos son regímenes políticos anti-democráticos que buscaban el absolutismo del Estado, que tomaron control de la vida pública y privada de los ciudadanos.

El Estado todopoderoso se mantuvo en el poder por largo rato, pero lo más importante es que el “hombre fuerte” es quien monopolizo el poder, el líder del partido fue exaltado como líder de la nación, líder al que en cierto punto se le llegaba casi a rendir culto.

Para mantenerse en el poder emplearon el terror sobre la población, eliminando cualquier tipo de opinión distinta a la oficial, para ello se sirvieron normalmente de la policía y del ejército. Realmente que no necesitamos este tipo de ‘hombre fuerte” aquí en los Estados Unidos o en ninguna otra parte.

En su Libro, “El fascismo: Una Historia”, Roger Eatwell proporciona un fascinante examen de movimientos fascistas en Italia, Alemania, Francia y Gran Bretaña, que rastrea las raíces de los grupos y las filosofías de cada país y analiza las razones de sus éxitos y fracasos.

Particularmente interesantes son las secciones en Italia y Alemania, que demostraron ser terreno fértil de cultivo para el fascismo debido a las características de los ciudadanos, culturas y lideres políticos a principios del siglo XX.

Roger Eatwell explica que la épica batalla entre comunismo y democracia liberal terminó muy fácil, y los primeros años eufóricos del triunfo de la democracia parecen sostener la promesa de un mundo que al fin entra en un consenso político alrededor de los derechos y valores de una sociedad individualista.

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