Parto y Cesárea dos caminos para que llegue tu bebé. ¿Qué implican?

Por Alicia Núñez, Psicóloga Clínica, Psicoterapéuta

Hay muy diversas maneras de contar la historia de lo que ocurre en los partos o en las cesáreas, pues cada nacimiento es único, tanto por los protagonistas, cómo se sienten, cómo viven la experiencia, así como por quienes asisten, cómo perciben la experiencia, cómo está su vida, cuál es su momento.

Hay personas que optan por describir las fases conocidas por la medicina: el período de dilatación, en el cual el cérvix o cuello del útero abre sus compuertas de 3 cm hasta 10 cm, el expulsivo que va desde que se alcanzan esos 10 cm, cuando la madre siente el deseo de pujar y el bebé nace emergiendo de la vagina, la última fase es el alumbramiento que es el momento en el que se desprende la placenta, el árbol de la vida, un órgano noble que muere para que surja lo nuevo, para que nazca el bebé y renazca la madre.

Estas etapas son las conocidas convencionalmente, pero por otra parte, las parteras describen según la cantidad de partos que han facilitado otras fases más relacionadas al estado alterado de consciencia que vive la madre, cuyas ondas cerebrales se hacen cada vez más lentas y profundas, facilitando que accedan a la consciencia aspectos olvidados.

Algunas de estas fases son similares a las olas del mar, hay momentos de quietud, incluso en el expulsivo, etapa que se supone de fuego, de actividad, furia, fuerza, pero también hay quietud, hay muchos partos que se dan sencillamente porque en su estado emocional profundo, su fisiología actúa plenamente, se abre, y casi sin pujos surge la vida, el bebé se abre paso, el canal de parto se abre como se abre el corazón de toda madre al ver la ternura de la cara de su hijo.

Entonces esto de las etapas es relativo, es más por nuestro afán de tener una estructura, un orden que nos permita predecir qué va a ocurrir y qué vamos a hacer quienes acompañamos.

Y ¿Por qué necesitamos ese orden? ¿Por qué queremos controlar algo tan descontrolado? Porque todo nacimiento (parto o cesárea) tiene la sombra de los riesgos, la enfermedad y en el peor de los casos la muerte, y si el equipo no asume esta sombra con sabiduría, con coraje, pero con prudencia, está actuando irresponsablemente. Si asume esta sombra, podrá prever.

Entonces, la madre que escoge a un equipo responsable, más no sobrecontrolador, responsable, más no imprudente, si además ella cuenta con la salud física y con el empoderamiento personal para ser protagonista, puede vivir su parto plenamente, como un éxtasis de amor.

Pero no siempre la salud física acompaña a las mujeres, y es normal, en los años que transcurren se estudia en cada consulta lo que desde el punto de vista médico ocurre, y en consecuencia, se actúa para que la salud siga siendo la fiel compañera de la vida de madres y bebés, la actuación puede ser una cesárea, una cirugía mayor, que es hu-mildemente aceptada, cuando debe aceptarse, y debe ser practicada cabalmente y con sensibilidad ante el misterio sagrado develado al momento de nacer un nuevo ser hu-mano.

¿Por qué digo practicada cabalmente? Porque la asepsia, es crucial, porque la intervención, aunque para muchos es de rutina, debe seguir un protocolo por salud. Y, ¿por qué digo con sensibilidad? Porque muchas veces la mujer se queda sola, porque la alejan de su bebé en las camas de recuperación horas, horas que son oro en términos afectivos, y en términos de lactancia materna.

A ti te puede quedar una herida porque crees que eres peor madre por haber tenido una cesárea, o porque no amamantaste, pero esa es la expresión de tu herida emocional que muchas veces se manifiesta con rencor, culpa o tristeza, más no es la expresión de los hechos que tuvieron un sentido que quizás aún no comprendes.

Sea parto o cesárea la trascendencia con que se vive habla mucho de la madurez emocional, de la entrega y del sueño hecho realidad, ante lo cual hinco mi rodilla reconociendo y admirando la inmensidad de la vida.

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