La Gentrificación como camino directo para la Prisión

Esta historia es la quinta pieza de una serie de Truth-out, Graves Lazos: El Número de Víctimas Humanas de las Prisiones. Esta serie profundiza en el impacto del encarcelamiento en las familias, los seres queridos y las comunidades, demostrando cómo el encarcelamiento de más de 2 millones de personas en los Estados Unidos también perjudica a muchos millones más – incluyendo a 2,7 millones de niños.

Cuando se me pidió que escribiera algo “personal” sobre el ser condenado a una pena de prisión de 52 a 80 años, y el tiempo que he servido hasta ahora, yo ya estaba destrozado. Durante los últimos 23 años de tener que perseguir siempre algo, esconder algo y mantener mi terreno contra algo o alguien, siempre he evitado las formas autobiográficas de hablar y escribir sobre esta pesadilla de la vida real. Pero creo que las historias personales como la mía son importantes porque dan una cara humana al dolor y la miseria del encarcelamiento experimentado por la gente en prisión como un todo.

Es un fracaso tanto de los medios locales como nacionales, así como de las instituciones de enseñanza superior, que un ensayo como éste sea incluso necesario. Nuestra sociedad se ha lanzado masivamente hacia un camino para enjaular y torturar a un número sin precedentes de hombres, mujeres y niños, y las personas que se supone deben criticar y arrojar la luz sobre esta práctica draconiana han olvidado en gran medida hacerlo, al menos de una manera proporcional a la crisis.

De vez en cuando hay informes sobre algún problema importante de encarcelamiento, pero en mi opinión, los informes rara vez transmiten la conexión entre las crisis específicas que describen y la causa raíz del propio encarcelamiento. Por ejemplo, en relación con Estados Unidos que lidera el mundo de las prisiones y el encarcelamiento, muchas cuestiones han sido objeto de petición investigativa, incluidos el número desproporcionado de gente pobre encarcelada; consecuencias de largo plazo, como la creación de una subclase social permanente; el ciclo de encarcelamiento esperado de generación en generación; el conducto de la escuela a la prisión; la conexión entre la raza y el encarcelamiento; y el carácter del sistema de justicia criminal. Pero pocas de estas cuestiones están directamente relacionadas con los imperativos de la expansión económica, el capitalismo monopolista, el imperialismo y la búsqueda de superganancias. El resultado neto es una falta de claridad.

Al contar mi propia historia –una historia compartida por muchos de los residentes de Detroit que fueron desplazados con gran fuerza a través de la brutal “reurbanización” de la zona del Cass Corridor de la ciudad– espero arrojar alguna luz muy necesaria sobre cómo los motivos del beneficio capitalista que impulsan la gentrificación son una de las causas principales del encarcelamiento masivo en este país.

Aprendí por primera vez sobre la gente, sobre la crueldad, sobre los sacrificios forzados, sobre trabajar muy duro, sobre quién es y no es importante, sobre el discurso justo y las acciones diabólicas durante las décadas de 1980 y 1990, en mi ciudad natal de Detroit, Michigan, bajo condiciones de gentrification.

Vi con mis propios ojos cómo el desarrollo económico y social desmanteló el área del centro de Cass Corridor y creó ciudadanos estadounidenses como refugiados internos, muchos de los cuales me acompañan aquí, en prisión.

En el decenio de 1970 y principios de 1980, el Cass Corridor estaba lleno de vitalidad, alegría y una tolerancia de otros que estaba claramente relacionada con la autoestima de la gente de Detroit y un sentido general de optimismo sobre el futuro.

Cuando los residentes de Detroit eligieron a su primer alcalde negro, Coleman A. Young, en 1974, el asunto de ser propietario de vivienda por primera vez estaba en un máximo histórico, y los conflictos que afectaron al movimiento obrero de Detroit durante más de medio siglo parecían resolverse. Entonces la vida cambió. No sé qué ocurrió primero, pero los cambios fueron duros y rápidos: las ejecuciones hipotecarias por falta del pago de las hipotecas, la imposición de gravámenes fiscales, la incautación de propiedades por parte del gobierno a través de su poder de dominio eminente, la reducción y destrucción de los servicios de la ciudad, la indiferencia de los funcionarios de la ciudad sobre la influencia de las drogas y la prostitución, la falta de vivienda y la creciente presencia de los tribunales y prisiones en nuestras vidas. Pero estoy seguro de que estábamos siendo expulsados del Cass Corridor, desplazados a través de una compleja red de intereses públicos y privados.

A mediados de los 80, el alcalde de Detroit, Coleman Young, anunció que los dólares de la ciudad se utilizarían para financiar el desarrollo de los hoteles en el centro de la ciudad, de modo que Detroit pudiera atraer negocios convencionales. Las casas fueron cerradas. Las empresas fueron desmanteladas. Y el poder de toma de decisiones cotidiano fue cambiado de familias y dueños de negocios locales a legisladores estatales, capitalistas de riesgo y una combinación de instituciones e intereses financieros.

Fue como si una serie de bombas hubieran explotado. Casi de la noche a la mañana el Cass Corridor se parecía a una zona de guerra. Los vehículos que barrían las calles de la ciudad y sacaban la basura los podíamos ver destrozados a un lado de la carretera. El hedor de las montañas de basura era insoportable. Dos de los tres supermercados que suministraron comida a los más de 2,000 residentes del Cass Corridor fueron incendiados, para no ser reconstruídos nunca. La ciudad cortó las líneas eléctricas que son muy importantes para mantener encendidas las luces de las calles, dando un nuevo significado a la palabra oscuridad. Entonces, muchos hombres en el barrio optaron por desmantelar lo que podían, y las líneas eléctricas fueron las primeras en irse.

Por la noche en algunas calles, era imposible ver tres pies en cualquier dirección. No creo que nadie se sintiera seguro, incluido yo mismo. Tres de las cuatro escuelas de la zona, Burton Elementary, James Couzens Elementary y Jefferson Junior High, parecían mas bien fábricas abandonadas que lugares de aprendizaje. La desinversión hizo aparecer como si cada servicio esencial requerido para una vida decente y segura hubiera estado bajo fuego de misiles. El objetivo inmediato parecía haber sido crear condiciones inhabitables.

El objetivo a más largo plazo sería obligarnos a salir del Cass Corridor para que pudiera ser “renovado”, la nueva frase de la época significaba ocultar y cambiar el diálogo público en una dirección favorable al poder económico. Para lograr estos dos objetivos, los funcionarios de la ciudad se convirtieron en el eje de una estrategia que implicaba una reducción radical del gasto municipal –incluyendo el gasto en salud, educación y bienestar– combinado con el otorgamiento de mayores recursos y autoridad a la policía y los fiscales y la ampliación del código penal antes de embarcarse, en el encarcelamiento de muchas de las víctimas de la renovación.

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